Un jubilado necesita más de un millón de pesos para vivir en Rosario y la mínima no cubre ni la mitad
La última medición local ubicó la canasta mensual en $1.023.264. En julio, el haber mínimo con el bono de $70.000 alcanza los $481.989: queda una diferencia superior a los $541.000.
Vivir en Rosario se volvió una cuenta cada vez más difícil para las personas mayores. La última canasta elaborada por el Centro de Estudios Sociales y Acción Comunitaria (CESyAC) determinó que un jubilado necesita $1.023.263,99 mensuales para afrontar sus gastos básicos.
La medición, correspondiente a mayo y publicada en junio, contempla los consumos habituales de una persona mayor: alimentos, vivienda, servicios, medicamentos, transporte, higiene y otros gastos indispensables. El valor aumentó casi un 17% durante los primeros cinco meses de 2026 y superó por primera vez el millón de pesos.
Frente a esa cifra, la jubilación mínima de julio quedó establecida en $411.989,33. Con el bono extraordinario de $70.000, el ingreso total alcanza los $481.989,33, según informó oficialmente la ANSES.
La comparación muestra la profundidad del problema: a un jubilado que cobra la mínima le faltan $541.274,66 por mes para completar la canasta estimada en Rosario.
En otras palabras, el haber mínimo con bono cubre aproximadamente el 47% de las necesidades básicas. Para alcanzar el valor completo hacen falta poco más de dos jubilaciones mínimas.
Una cuenta que no alcanza
| Concepto | Monto |
|---|---|
| Canasta mensual de un jubilado en Rosario | $1.023.263,99 |
| Jubilación mínima | $411.989,33 |
| Bono extraordinario | $70.000 |
| Ingreso total en julio | $481.989,33 |
| Diferencia mensual | $541.274,66 |
| Cobertura de la canasta | 47% |
La brecha obliga a miles de personas mayores a reorganizar permanentemente sus consumos. Muchos dependen de la ayuda de sus hijos, utilizan ahorros, acumulan deudas o postergan gastos que deberían ser esenciales.
El problema se vuelve todavía más delicado entre quienes alquilan, viven solos o deben afrontar tratamientos médicos prolongados. En esos casos, el costo real puede superar ampliamente el promedio calculado.
La vivienda representa una de las mayores diferencias. Un jubilado propietario puede evitar el alquiler, pero igualmente debe pagar impuestos, expensas, reparaciones y servicios. Para quien no tiene casa propia, sostener un departamento pequeño puede absorber gran parte del haber antes de comprar alimentos o medicamentos.
Los medicamentos, un gasto imposible de postergar
A diferencia de otras familias, los adultos mayores poseen menos posibilidades de recortar determinados consumos. Los medicamentos, tratamientos, estudios y controles médicos no son gastos opcionales.
Una medición de la Defensoría del Pueblo, utilizada como referencia complementaria, calculó que una pareja de adultos mayores destinó durante mayo $174.530 a salud. En ese mismo mes, los medicamentos subieron un promedio del 2,3%, con aumentos mayores en analgésicos y remedios cardiovasculares.
El gasto final depende de las patologías, la cobertura de PAMI o de otra obra social y el porcentaje de descuento disponible. Sin embargo, cuando un medicamento no está cubierto, la diferencia debe salir directamente del bolsillo del jubilado.
Esto explica por qué muchas personas mayores terminan eligiendo entre comprar alimentos, pagar una factura o completar un tratamiento.
El bono perdió capacidad de respuesta
El bono de $70.000 continúa siendo determinante para quienes cobran la mínima, pero permanece sin modificaciones frente al aumento general de los precios.
Sin ese refuerzo, el haber de $411.989 cubriría apenas el 40% de la canasta rosarina. Aun sumándolo, el jubilado no llega a cubrir la mitad de sus necesidades mensuales.
Además, el bono no se incorpora al haber. Por lo tanto, no forma parte de la base sobre la que se calculan las futuras actualizaciones y pierde poder adquisitivo cada vez que aumentan los alimentos, los servicios o los medicamentos.
El apoyo familiar como ingreso invisible
Detrás de las estadísticas aparece una realidad cotidiana: numerosos jubilados pueden sostenerse porque reciben ayuda de sus familias.
Los hijos pagan una factura, compran medicamentos, acercan alimentos o cubren una parte del alquiler. Ese aporte funciona como un ingreso invisible que no aparece en las mediciones oficiales, pero que resulta fundamental para llegar a fin de mes.
Quienes no cuentan con esa red familiar quedan en una situación mucho más vulnerable. La reducción de gastos tiene un límite, especialmente cuando se trata de alimentación, calefacción o salud.
Jubilarse no debería significar sobrevivir
La discusión previsional no puede limitarse al porcentaje mensual de aumento. La pregunta central es qué puede comprar realmente una persona mayor con el dinero que recibe después de haber trabajado durante toda su vida.
Los números de Rosario ofrecen una respuesta preocupante: un jubilado necesita más de un millón de pesos para cubrir sus necesidades, pero la mínima con bono no llega a los $482.000.
La diferencia no representa solamente una cifra económica. Se traduce en medicamentos que se postergan, alimentos que se reemplazan, estufas que no se encienden y actividades sociales que se abandonan.
Envejecer con dignidad requiere mucho más que subsistir. También implica conservar autonomía, cuidar la salud, mantener vínculos y poder participar de la vida de la ciudad.
Hoy, para gran parte de los jubilados rosarinos, alcanzar ese derecho exige disponer de más de dos haberes mínimos o contar con una familia capaz de completar lo que el sistema previsional no cubre.
