¿Es posible el plan económico de Milei en la Argentina de hoy?
Con inflación en baja, superávit fiscal y apoyo multilateral, el programa libertario avanza. Sin embargo, la fragilidad de las reservas y el ruido político ponen a prueba su viabilidad.

Inflación en retroceso
El dato más visible es la desaceleración de precios: 1,9% en agosto, 19,5% acumulado en lo que va del año y 33,6% interanual. Se trata de una reducción fuerte respecto de los picos de 2023, señal de que el ancla fiscal y la política monetaria contractiva están teniendo efecto.
Cuentas públicas en orden
El Gobierno exhibe superávit primario equivalente a 1,3% del PBI y superávit financiero de 0,4% en los primeros ocho meses de 2025. Son resultados inéditos en dos décadas, que consolidan la narrativa oficial de disciplina.
Reservas y el dólar, puntos débiles
El Banco Central mantiene reservas en torno a los US$ 39.800 millones, aunque tuvo que vender divisas para sostener la calma cambiaria. El dólar oficial ronda los 1.475 pesos, mientras el paralelo cotizó en torno a 1.520, con una brecha chica pero volátil. La tensión cambiaria sigue siendo la principal amenaza de corto plazo.
El papel del FMI y Estados Unidos
En julio, la Argentina superó la primera revisión del acuerdo con el FMI, lo que habilitó un desembolso de US$ 2.000 millones. Además, el respaldo político de Washington, con la promesa de que “todas las opciones están sobre la mesa”, mejora las expectativas de un refuerzo de reservas vía swap o financiamiento directo.
El factor político
Más allá de las variables duras, la sostenibilidad del plan depende de la gestión política: acuerdos con el Congreso, con los gobernadores y con los sectores sociales. El costo del ajuste puede volverse un límite si no se combina con amortiguadores que contengan la conflictividad.
El programa económico de Javier Milei es posible en la Argentina actual porque combina disciplina fiscal, desinflación y respaldo externo. Pero es también frágil: si se erosiona la confianza o se vacían las reservas, el esquema podría entrar en crisis. La política y la credibilidad serán tan decisivas como las cuentas fiscales.
